miércoles, 11 de noviembre de 2015

Volvemos a Japón III: Daruma Matsuri - Festival de muñecos Daruma en el templo Jindai-ji

Tras el largo viaje para llegar a tierras niponas, y habiendo descansado todo lo necesario para reponer las pilas, tocaba comenzar nuestra ruta por el inolvidable Japón, un país que cuanto más se conoce más engancha.

Dos Darumas (muñecos) en una mesa
Nuestros dos Darumas ^_^

[3/03/2015]

El mirador gratuito del ayuntamiento de Tokyo

Lo primero que quisimos hacer este día fue visitar uno de los dos miradores que están situados en las torres del ayuntamiento, ya que no pudimos hacerlo en nuestro primer viaje. Su horario de apertura es de 9:30 a 22:30 y es gratuito.

El Ayuntamiento se encuentra en la salida oeste de la estación de Shinjuku. Esta estación es increíblemente grande, así que en cuanto se sale del tren conviene ir mirando los carteles que indican las direcciones, para coger la correcta, en este caso oeste, y una vez bien encaminado ya se ven indicadores de los principales puntos de interés, en este caso del Ayuntamiento.



Imagen de la mini-cascada del parque Shinjuku Chuo
El Parque Shinjuku Chuo, muy cercano al ayuntamiento de Tokyo

Como llegamos un poco pronto decidimos dar una vuelta por el Parque Shinjuku Chuo, que se encuentra justo al lado, y nos llevamos una grata sorpresa. Sí, es cierto que ir aposta no vale la pena, pero sí estás por la zona bien merece una visita. Posee unos jardines relajantes, como todos en Japón, una escultura con cascada de agua, y el Kumano Jinja, un santuario shintoista con mucho encanto, donde vimos que se iban parando los japoneses de camino al trabajo. Me pareció realmente interesante ver que, a pesar de las prisas, les dedican unos pequeños minutos para una oración o simplemente tirar una moneda.

Vista del edificio principal del santuario sintoísta Kumano Jinja
El santuario sintoísta Kumano Jinja
Jardín del santuario Kumano Jinja
El sobrio jardín que se encuentra en los alrededores del Kumano Jinja

A las 9:30 fuimos al Ayuntamiento, vimos los indicadores para los miradores y hacia allí nos dirigimos. Se hace una pequeña cola -como no, los japoneses son amantes de las colas- para subir al ascensor que lleva hasta la planta superior donde está ubicado el mirador. Me gustaría resaltar que esta actividad es totalmente gratuita y hay quien dice que las vistas son incluso mejores que las de la Torre de Tokyo. Supongo que eso ya es cuestión de gustos, nosotros no podemos comparar pues sólo subimos a éste, pero sí podemos decir que vale realmente la pena.

Vistas desde el mirador del ayuntamiento de Tokyo
Vistas desde el mirador del ayuntamiento de Tokyo

Desde esa altura se ve todo Tokyo, con sus respectivos indicadores por supuesto para que puedas ubicar cada cosa, incluso en un día despejado se puede ver el monte Fuji, aunque nosotros no tuvimos esa suerte ya que el día estaba un poco nublado.

Cartel indicador de qué se puede ver en el mirador del ayuntamiento de Tokyo
En el mirador hay carteles para indicar qué se puede ver

Una cosa que me llamó la atención, aunque siendo Japón debería haberlo imaginado, es que en esa misma planta, además del mirador, está lleno de puestecitos donde comprar cualquier cosa, desde peluches a colgantes, imanes, puzles,…por supuesto la mayoría de personajes conocidos como Totoro, Hello Kitty y demás. Y para aquellos que les pueda interesar tomar un café o una copa acompañando las impresionantes vistas, también hay un bar (si es consumismo, los japoneses seguro que lo han pensado jejeje).

Tras estar una horita larga recorriendo la planta decidimos que era el momento de bajar, así que otra vez el ascensor hacia abajo, donde, ahora os reiréis, pero nos perdimos un poco ☹, somos así de torpes jajaja, pero es que el Ayuntamiento ocupa un espacio enorme con varios desniveles, así que salimos por un sitio distinto al que habíamos entrado y nos despistamos, pero fue rápido volver a orientarnos y dirigirnos de nuevo a la estación de Shinjuku. Justo antes de ésta nos encontramos con un mercado gastronómico muy interesante donde poder comprar los produtos típicos de la tierra, aquí nos ofrecieron para probar algo, no sabemos qué era exactamente pues lo único que entendimos fue sakura, pero estaba malísimo, nos alejamos disimuladamente para no herir la sensibilidad de nadie y lo escupimos en un pañuelo jajaja.

Mercado cerca de la estación de Shinjuku
Mercado cerca de la estación de Shinjuku

El festival de los Daruma

Nuestra siguiente parada sería la Feria de Muñecos Daruma (Daruma matsuri) del Templo Jindai-ji, pero lo que parecía fácil de encontrar nos llevó algo más de tiempo de lo esperado. Según lo que había podido leer, las plegarias y desfile comenzaban a las 14:00, así que nuestra intención era llegar un poco antes de esa hora. Para ir hay una media hora de tren hasta la estación Mitaka de las líneas JR Sobu o JR Chuo. Pero al llegar a la estación no vimos carteles de la feria por ningún lado, ni siquiera ambiente festivo, me armé de valor para preguntarle a un guardia que, o bien no sabía o se vio incapaz de darme una explicación coherente, así que, gracias a la SIM, decidimos buscar la ubicación del templo por internet, está a una hora caminando de donde nos encontrábamos, y donde no llega el tren sino sólo autobuses urbanos que no sabíamos ni dónde cogerlos. ¿Una hora andando? Y en invierno que no hace calor, pues tampoco es tanto, así que ni cortos ni perezosos nos dirigimos hacia allí.

El problema no era andar una hora, cuando viajamos andamos todo el día, y además así ves un poco más el Japón tradicional, donde vive la gente en su día a día, en su cotidianidad, el problema fue que tuvimos que ir de bólido porque nos habíamos confiado y el tiempo se nos echaba encima.

Llegamos con la lengua fuera justo en medio del ritual en el que realizan una especie de danza tradicional y justo después desfilaron por todo el mercado mientras los monjes iban volviendo a sus sitios.

Celebración en las puertas del templo Jindai-ji
Celebración en las puertas del templo Jindai-ji



Como en cualquier feria estaba lleno de puestecitos, muchos de muñecos Daruma, como no podía ser de otra manera, pero también puestos de productos en general y de comida. Así que aprovechamos para comer por allí y probar los famosos Takoyaki (bolas de pulpo rebozado).

Puestecitos de comida y vendedores de darumas en el Jindai-ji
Puestecitos de comida y vendedores de darumas en el Jindai-ji

Fue una gran experiencia estar por allí, en un ambiente totalmente japonés, de hecho nos miraban extrañados y nos hacían fotos porque les resultaba curioso ver un par de gaijines sueltos por allí jajaja.

Y, como no, estando allí teníamos que comprar un muñeco Daruma y presentarlo al monje, quien le pinta un ojo con el símbolo de inicio y una vez se cumpla el deseo hay que volver a ir para que le pinte el otro ojo con el símbolo de fin y tirarlo como ofrenda. Había como un contenedor enorme lleno de muñecos que la gente iba tirando, así que… tendremos que volver ;).

Lugar en el que se depositan, a modo de ofrenda, los darumas
Aquí es donde se depositan, a modo de ofrenda, los darumas con los dos ojos

Un monje pintando el segundo ojo de un Daruma
Un monje pintando el segundo ojo de un Daruma

Hay tantos puestos que no sabíamos donde decidirnos a comprar el muñeco, vimos una señora mayor que se le notaba experimentada, que escribía con un pincel sobre el muñeco, y pensamos que era un valor añadido que valía la pena. Así que me puse en la cola, llega mi momento, la buena mujer me pregunta en un perfecto japonés y a mí se me queda cara de “no tengo ni pajolera idea de que hago aquí”, pero ella muy amable escribió algo que, a día de hoy, no hemos conseguido descifrar, pero sí nos han dicho que entre otras cosas pone salud, así que supongo nos hizo una bendición genérica ^_^.
ACTUALIZACIÓN: Gracias a Nekojitablog sabemos que pone "Año 27 de la era Heisei, seguridad dentro de la familia" ¡Muchas gracias chicos! ^_^

Inscribiendo una bendición en la parte trasera de un daruma
La maestría con la que manejaba el pincel nos asombró


Ya con los dos Daruma en mis manos me dispuse a hacer la larga cola para la bendición de los monjes. Habría unos 8 o 10 monjes escribiendo, como ya he comentado, los signos de inicio y fin, a los que se llegaba a través de una cola única, en la que cuando te tocaba tu turno un ayudante te decía a que monje debías ir. Por lo que fuí viendo, y por supuesto puse en práctica, esta bien visto dar una ofrenda en una cestita que tienen los monjes para tal fin. Así que intenté ser lo más respetuosa que pude dentro de mi falta de conocimiento y conseguí mi objetivo. Por supuesto los Daruma ocupan un lugar de privilegio en nuestros hogares.


Momento en el que me indican a qué monje debo ir, después de esperar turno
Momento en el que me indican a qué monje debo ir, después de esperar turno

El monje pintando nuestros Darumas
El monje pintando nuestros Darumas

Una vez cumplidas todas las tradiciones y pasado por todo el mercado, ya era hora de volver de nuevo al centro turístico. Esta vez sí cogimos el autobús, que se encontraba muy bien señalizado en la carretera principal, el cual nos dejó en la estación de la que habíamos partido, y de ahí a Shibuya.

Duchita para descansar un poco y de vuelta al ruedo, esta vez para ir de compras antes de cenar. ¡Sí! ¡Lo siento! En Japón me vuelvo una loca consumista capitalista, pero es que ¡todo es tan, pero tan mono! Además como tenía una boda ese verano quería aprovechar para encontrar un vestido, pues en Mallorca la variedad es mínima y todo bastante feo. Así que ya me tienes arrastrando a Pere por todo Shibuya, sin obviar el famoso Shibuya 109, una delicia para los sentidos, un edificio alto y más bien estrecho, repleto de tiendecitas de todos los estilos, desde sweet lolita a gótica, pasando por lo más sport, y no sólo ropa, sino también zapatos, bolsos, medias a super buen precio,… La verdad es que me tuve que contener mucho porque ¡lo compraría todo! Que en España no se encuentra nada similar.

Vista nocturna de Shibuya
De compras por Shibuya

Una vez saciado mi apetito, o más bien calmado :p, fuimos a saciar otro apetito, éste más físico. Vimos un Genki Sushi, un restaurante de esos en lo que haces el pedido por una pantalla y la comida te llega por unos carriles hasta tu sitio, vamos, una frikada para turistas seguramente, pero nos hizo mucha gracia y tuvimos que entrar. Además para Pere es el paraíso, ¡no tener que hablar con los dependientes! Jijiji. La comida estuvo bastante buena y no salió muy caro.

El pedido se hace en una pantalla táctil, donde hay imágenes de todos los productos, además de su nombre en inglés, para saber que estamos pidiendo. Los platos están divididos en categorías (nigiri, maki, sushi, etc.) y lo máximo que puedes pedir cada vez son tres productos, con lo que vas controlando en todo momento la factura (que también sale en pantalla) y también el hambre, así no pides al principio un montón por pura gola :p. En cuanto a la bebida el té es gratis, te lo preparas tu mismo con un pequeño grifo de agua caliente que hay en la mesa y el té que se encuentra en un botecito; si bien es cierto que no es a lo que estamos acostumbrados, y que para mi gusto es un té un poco fuerte, siempre se agradece no pagar la bebida :p jejeje.

Pantalla en la que se realizan los pedidos en un Genki Sushi
Esta es la pantalla en la que se realizan los pedidos.



Con la barriga llena (y más después de tomar un helado en un St. Marc Café que nos pilló de camino ^_^) nos volvimos a nuestro coqueto apartamento a descansar y reponer fuerzas para visitar el impresionante conjunto de templos y santuarios de Nikko.